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¡A
tiempo vé!,
Que tal
si no
Hoy
me
doy cuenta
¡que
ahorita !..
Sigue
siendo hoy.
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Prólogo
continuación:
Estos
amateur de la prosa, al escribir lo
hacen
como si de una plática se tratara, de ahí su
frescura y los muchos errores semánticos y demás
parafernalia que los duchos de la palabra escrita excluyen
supuestamente para una mejor comunicación, descuidando
mantener limpia y borbollante la fuente natural de cualquier idioma que
es precisamente la comunicación oral, el intercambio de
ideas sin corrección de galeras, ese complejo y elegante
duelo de esgrimistas en que el delgado florete -con bolita en la punta
para no herir- es la palabra, la estrategia de ataque es el buen humor
y el más importante premio después de un
aguerrido combate, consiste en un deseo imperioso de volver a practicar
con tan imponente rival.
Algo
más, para estos
jocosos aprendices de escritor sin pretenderlo, que sin
ningún empacho le llaman al pan pan y al vino vino y
además se lo toman, esta es una especie de revancha por
tantas y tantas páginas de cuidada literatura sin una sola
palabra fuera de tono (volvió Burguete), así que
como el compadre pobre en la fiesta del compadre rico, que asegura no
querer nada más, después de haber agarrado el
platón de leche quemada previsto
como el postre para todos[1], ahora
se aprovechan y las dicen de
romplón , no busques pues errores, porque los
hallarás a montones ni hagas caso de las variaciones de
estilo porque encontrarás que el estilo a veces es
precisamente la falta del mismo.
Encontrarás
también que algunas voces aquí citadas como
originarias de la Frailesca son comunes en otras regiones de Chiapas,
de México o incluso de otros países
latinoamericanos, en efecto algunas lo son, pero son utilizados con un
sentido totalmente distinto, tal como se explica en la ponencia:
“La comunicación oral en la Frailesca”,
o bien puede ser el caso de que gracias a la activa
migración de connotados embajadores de esta tierra,
firmemente decididos a conservar su peculiar forma de hablar donde
quiera que se encuentren, hayan trasladado esos términos que
por su fuerza expresiva ahora son parte del lenguaje de esas regiones.
Además si la Real Academia Española no los quiere
aceptar oficialmente como parte del idioma español ni
están consignados en ninguno de los diccionarios
hispanoamericanos, nosotros al ser sus descubridores, con todo derecho
podemos decir que son nuestros, de una manera muy parecida a como lo
hicieron los españoles cuando descubrieron
América, recordemos que en México ya
existían alrededor de 10 millones de indígenas y
sin embargo lo declararon “descubierto”, sembraron
una banderita en la playa y sin más trámite lo
agarraron.
[1]El
comentario alude a una de las muchas anécdotas sucedidas en
la Frailesca , en la que efectivamente aún cuando le
insistían al compadre, poco acostumbrado a ese tipo de
festines, se sirviera de las otras viandas el se negaba asegurando que
con el postre le era suficiente.
Pág.
1,
2, 3,
4.
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